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Cómo acompañar al cuerpo durante la quimioterapia

Centro Regemet
13 de julio de 2026
16 min
Cómo acompañar al cuerpo durante la quimioterapia

La quimioterapia es uno de los pilares del tratamiento oncológico. Su objetivo es directo: actuar sobre las células tumorales para frenar o eliminar la enfermedad. Pero durante ese proceso, el cuerpo del paciente atraviesa un esfuerzo enorme, y de cómo lo atraviese depende, en gran medida, que el tratamiento pueda completarse como fue planeado.

Acompañar al cuerpo durante ese período tiene dos grandes objetivos:

  1. Reducir el daño del tratamiento y sostener la calidad de vida.
  2. Sumar intervenciones que actúan por su cuenta sobre la enfermedad.

En Regemet, ese acompañamiento tiene forma de Terapia Metabólica. Y trabaja en las dos direcciones al mismo tiempo: cuida al paciente frente a la toxicidad del tratamiento y actúa dificultando las condiciones que el tumor necesita para crecer. Es, a la vez, cuidado y tratamiento.

Este artículo ordena esa mirada de conjunto. Cada herramienta que se menciona tiene su desarrollo propio en otros artículos del blog; lo que sigue explica cómo se articulan y con qué fundamento.

Por qué el cuerpo necesita acompañamiento

La quimioterapia actúa, en la mayoría de los casos, cortando la reproducción de las células que se dividen rápido. Las células tumorales se dividen mucho, y eso las vuelve especialmente vulnerables. El problema es que la quimioterapia no distingue: actúa sobre cualquier célula que se divida a gran velocidad, sea tumoral o sana.

Y hay varios tejidos sanos que se dividen rápido:

  • La médula ósea, donde se producen los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas.
  • Las mucosas del tubo digestivo, que se renuevan cada pocos días.
  • Los folículos pilosos, en división permanente.

Por eso estos tejidos reciben el impacto de la quimioterapia junto con el tumor. Y de ahí vienen sus efectos secundarios más característicos: la caída de las células sanguíneas, el malestar digestivo, la mucositis y la caída del cabello. Desarrollamos este mecanismo en detalle en Cómo actúa la quimioterapia.

Sobre todas esas consecuencias se puede trabajar. Y ese trabajo busca dos cosas a la vez: aliviar al paciente y sostener la continuidad del tratamiento.

Este segundo punto pesa más de lo que suele creerse. Como explicamos en Cuando la quimio se interrumpe, la mayoría de las veces que un tratamiento se interrumpe, se retrasa o se reduce, la causa es la toxicidad sobre estos tejidos sanos, no la falta de eficacia. Y la dosis que efectivamente recibe el paciente se asocia, en numerosos estudios, con los resultados. Sostener el cuerpo durante la quimioterapia es sostener la posibilidad de que la quimioterapia funcione.

Acompañar es también tratar

Reducir la toxicidad es una parte del acompañamiento. La otra, es que las mismas herramientas que protegen al paciente actúan sobre la enfermedad.

La razón está en la biología del tumor. En 1924, Otto Warburg describió que muchas células cancerosas producen energía de una forma particular: consumen glucosa en grandes cantidades y la fermentan, incluso cuando hay oxígeno disponible. Ese comportamiento, conocido como efecto Warburg, es lo que permite ver muchos tumores en una tomografía PET, que utiliza glucosa marcada para señalar los tejidos más ávidos de este combustible.

Un tumor con ese perfil depende de un aporte constante de sustratos y de un entorno determinado para sostener su crecimiento. Y ese entorno tiene componentes concretos:

  • La glucosa elevada en sangre le da combustible.
  • La insulina alta y el factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-1) activan vías internas que estimulan la proliferación celular.
  • La inflamación crónica aporta señales que favorecen la progresión.

Un terreno con glucosa alta, insulina alta e inflamación sostenida ofrece condiciones favorables al tumor. Un terreno con glucosa controlada, insulina baja e inflamación modulada ofrece muchas menos.

Sobre ese terreno actúa la Terapia Metabólica. El tratamiento oncológico sigue siendo el que ataca directamente al tumor; la terapia metabólica trabaja en paralelo, con dos objetivos: reducir los sustratos y las señales que el tumor aprovecha, y fortalecer al organismo para que pueda enfrentarlo. Por eso acompañar el tratamiento es también tratar la enfermedad.

Aplicaciones endovenosas: vitamina C en dosis farmacológicas

Las infusiones endovenosas son un pilar del abordaje. Entre ellas, la vitamina C en dosis farmacológicas, administrada como ascorbato de sodio en cantidades superiores a los 50 gramos, que solo se alcanzan por vía intravenosa.

A esas concentraciones, la vitamina C cambia de comportamiento. En dosis bajas es un antioxidante. En dosis farmacológicas se vuelve prooxidante: genera peróxido de hidrógeno de manera preferencial en el entorno del tumor. Las células sanas neutralizan ese peróxido con sus enzimas, sobre todo la catalasa. Las células tumorales, que suelen tenerla disminuida, sufren un daño oxidativo selectivo.

Es el mismo principio de oxidación que usan varios quimioterápicos, y por eso el ascorbato puede sumarse a su efecto en lugar de restarle. Lo desarrollamos en Vitamina C como nutriente, Vitamina C como fármaco y en ¿Por qué la vitamina C afecta más a células tumorales que a células sanas?.

Oxigenación hiperbárica, hipertermia y terapias de contraste

El abordaje incorpora herramientas que actúan sobre la fisiología del terreno:

  • La oxigenación hiperbárica aumenta la disponibilidad de oxígeno en los tejidos. Esto tiene implicancias sobre la hipoxia que caracteriza a muchos microambientes tumorales y sobre la reparación de los tejidos sanos.
  • La hipertermia terapéutica, aplicada mediante sauna seco y húmedo, eleva la temperatura corporal. Tiene efecto documentado como sensibilizante de la radioterapia y la quimioterapia en ciertas indicaciones.
  • La crioterapia y las terapias de contraste, con alternancia de frío y calor, actúan sobre la circulación, la respuesta inflamatoria y la adaptación al estrés fisiológico.

Cada una de estas modalidades tiene indicaciones y fundamentos propios, y les dedicaremos artículos específicos.

La suplementación como herramienta terapéutica

La suplementación ocupa un lugar central en el abordaje. Se trata de usar moléculas específicas, con objetivos definidos, formuladas de manera magistral según las necesidades de cada paciente. En oncología metabólica, la suplementación persigue tres objetivos que muchas veces se superponen en una misma molécula.

1. Actuar sobre el metabolismo del tumor. La metformina es el caso más estudiado. Activa una enzima llamada AMPK, interfiere con la producción de energía en la mitocondria de la célula tumoral y reduce las señales internas que estimulan su crecimiento, además de bajar la glucosa y la insulina en sangre. En pacientes diabéticos se asocia a menor incidencia y mortalidad por varios tipos de cáncer, y hoy se estudia como adyuvante. En esta línea entra también el interés por reposicionar fármacos conocidos, como la ivermectina y el mebendazol, que en investigación preclínica mostraron efectos sobre vías de proliferación tumoral. Su uso en oncología está en etapa de estudio y requiere evaluación médica rigurosa.

2. Fortalecer la inmunidad y la capacidad antitumoral del paciente. Varias moléculas apuntan a mejorar la respuesta del organismo:

  • La vitamina D regula el ciclo celular, la diferenciación y la respuesta inmune.
  • La melatonina, más allá de su efecto sobre el sueño, es antioxidante e inmunomoduladora; los estudios que la combinan con quimioterapia muestran menos toxicidad y señales de beneficio clínico.
  • El astrágalo y la artemisia (fuente de artemisinina) son fitoterápicos con actividad estudiada sobre la inmunidad y las células tumorales.
  • El zinc y el selenio son cofactores de enzimas antioxidantes y de la función inmune.
  • La cúrcuma, cuya absorción mejora la piperina de la pimienta negra, actúa sobre múltiples vías inflamatorias.

3. Proteger al tejido sano y reducir la toxicidad del tratamiento. Aquí se ubican el magnesio y el manganeso, con roles en numerosos procesos enzimáticos; los flavonoides que cuidan la microcirculación y la pared vascular, como el picnogenol, la diosmina, la hesperidina, la rutina, el ginkgo biloba y el crataegus; y la centella asiática, que favorece la salud de los tejidos y la cicatrización. La melatonina cumple también aquí un papel, al reducir la toxicidad hematológica y la fatiga.

Ninguna de estas moléculas se indica sola ni en dosis estandarizadas. La formulación magistral permite ajustar combinaciones y dosis a cada caso. Y como toda intervención con actividad farmacológica, la suplementación requiere evaluación, indicación y supervisión médica: las dosis inadecuadas o las combinaciones no controladas pueden ser contraproducentes o interferir con el tratamiento. El detalle de estas moléculas será materia de próximos artículos.

Alimentación: actuar sobre el eje glucosa-insulina

La alimentación es la base del abordaje metabólico. Su objetivo central es el eje glucosa-insulina. Los esquemas cetogénicos, low carb o adaptados a cada paciente reducen los picos de glucemia y mantienen la insulina baja. Con eso se logran dos cosas: menos glucosa disponible para el tumor, y menos activación de las vías de crecimiento que la insulina estimula.

Al mismo tiempo, la alimentación aporta la proteína necesaria para preservar la masa muscular y los micronutrientes que la producción de sangre y la inmunidad requieren, como el hierro, la vitamina B12 y el ácido fólico.

Hay un desafío práctico que también es parte del abordaje: poder comer cuando las náuseas, las alteraciones del gusto o la saciedad temprana lo dificultan. De poco sirve el mejor plan si el paciente no logra sostenerlo. Por eso se adapta a los síntomas de cada momento. Lo desarrollamos en Los 3 Niveles de Nutrición Terapéutica en Oncología y en Más allá de la moda keto.

Ejercicio físico terapéutico

El ejercicio es una intervención metabólica en sí misma. El músculo en actividad consume glucosa y compite con el tumor por ese sustrato. Además, mejora la sensibilidad a la insulina, reduciendo el mismo eje que favorece la proliferación tumoral.

Cada tipo de ejercicio aporta algo distinto:

  • El entrenamiento de fuerza preserva la masa muscular, un factor que condiciona la tolerancia al tratamiento, y libera miocinas con efecto antiinflamatorio.
  • El trabajo aeróbico en Zona 2 mejora la eficiencia mitocondrial y la flexibilidad metabólica, es decir, la capacidad del cuerpo de alternar entre combustibles según la demanda.

Ambos reducen la fatiga, uno de los síntomas más frecuentes y limitantes del tratamiento. Los desarrollamos en La importancia de entrenar la fuerza y en El entrenamiento aeróbico en Zona 2. La intensidad se ajusta a la capacidad de cada día, que puede variar mucho alrededor de los ciclos, sin perder la regularidad.

Preservar la masa muscular

La pérdida de músculo durante el tratamiento impacta directamente sobre la tolerancia a la quimioterapia, la recuperación tras las cirugías y la calidad de vida.

Cuando avanza y adquiere un componente inflamatorio y metabólico, se llama caquexia. Su rasgo distintivo es que no se corrige solo comiendo más, porque hay mediadores inflamatorios que mantienen activa la degradación del músculo. Se aborda combinando nutrición con foco en proteína, ejercicio de fuerza y control de la inflamación, y la detección temprana es clave para frenarla antes de que progrese. Lo desarrollamos en Caquexia y pérdida de masa muscular.

El descanso y lo emocional también son terreno

El estado emocional y el descanso no están separados de lo físico. El estrés sostenido y el sueño alterado tienen efectos concretos sobre la inflamación, las hormonas y la función inmune. Es decir, modifican el mismo terreno sobre el que actúa todo lo anterior.

Por eso la psico-oncología clínica es parte del abordaje metabólico, y no un anexo. Lo trabajamos en Fatiga y niebla mental en el cáncer y en Scanxiety: ansiedad frente a los estudios de control.

Algunos síntomas frecuentes y cómo manejarlos

Más allá de los pilares del abordaje, hay síntomas concretos con estrategias específicas. Todas complementan el tratamiento que indica el oncólogo.

Náuseas y vómitos. Además de la medicación que indica el equipo médico, ayudan las comidas fraccionadas y de menor volumen, evitar los olores intensos, elegir alimentos suaves y mantener buena hidratación. Comer poco y seguido suele tolerarse mejor que forzar comidas grandes. Y anticiparse a la náusea funciona mejor que controlarla una vez instalada. También se pueden utilizar ciertas infusiones, como el té de jengibre.

Malestar digestivo y mucositis. La inflamación de las mucosas del tubo digestivo es consecuencia directa del efecto de la quimioterapia sobre estos tejidos, que se renuevan muy rápido. El cuidado de la higiene bucal con elementos suaves, la elección de texturas y temperaturas adecuadas, evitar alimentos irritantes y actuar ante los primeros signos ayudan a controlarla.

Fatiga. La fatiga oncológica no siempre mejora con el reposo y puede persistir aun durmiendo bien. Intervienen la anemia, la inflamación, la pérdida de estado físico, el sueño alterado y la carga emocional. Un hallazgo consistente, y a primera vista contraintuitivo, es que la actividad física moderada la reduce en lugar de aumentarla.

Mayor vulnerabilidad a infecciones. Cuando bajan los glóbulos blancos, sobre todo en los días posteriores a cada ciclo, la prevención importa: higiene de manos, cuidado con la exposición a personas enfermas y atención a los signos de alarma que indique el equipo médico.

En todos los casos vale la misma regla: estos síntomas no se soportan en silencio, se comunican. Avisar a tiempo al equipo tratante es lo que permite manejarlos antes de que se agraven, y muchas veces antes de que obliguen a modificar el tratamiento.

Conclusión

Frente a la quimioterapia, la decisión no pasa por elegir entre el tratamiento oncológico y el abordaje metabólico. Los dos apuntan a blancos distintos y se potencian: la quimioterapia actúa sobre el tumor, y la terapia metabólica sobre el terreno que lo rodea y sobre la capacidad del cuerpo de enfrentarlo.

Acompañar al cuerpo durante la quimioterapia significa las dos cosas al mismo tiempo:

  • Cuidar al paciente: reducir la toxicidad del tratamiento y sostener la calidad de vida, con un cuerpo mejor alimentado, con la masa muscular preservada, la inflamación controlada y las defensas sostenidas. Un cuerpo así tolera mejor cada ciclo y permite completar el esquema previsto.
  • Tratar la enfermedad: actuar sobre las condiciones metabólicas que el tumor necesita y fortalecer al organismo, para que llegue al tratamiento con la mayor capacidad de respuesta posible.

Todo esto se diseña caso por caso y en coordinación con el equipo oncológico. Porque el objetivo es atravesar la quimioterapia con todo el organismo trabajando a favor.


Aviso médico

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. La terapia metabólica y todas las herramientas mencionadas (alimentación, ejercicio, infusiones endovenosas, oxigenación hiperbárica, hipertermia, crioterapia, suplementación y otras) deben ser evaluadas, indicadas y supervisadas de manera individual por un equipo médico, en coordinación con el oncólogo tratante, y no reemplazan al tratamiento oncológico indicado. El uso de fármacos en investigación o de suplementos en dosis terapéuticas requiere evaluación profesional y no debe iniciarse por cuenta propia. Regemet no atiende urgencias: ante una emergencia, acudí al centro de salud más cercano.

Referencias

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