Bienestar emocional

El cuerpo en alerta: cómo regular el sistema nervioso durante el tratamiento oncológico

24 de agosto de 2026
9 min lectura
El cuerpo en alerta: cómo regular el sistema nervioso durante el tratamiento oncológico

Durante un tratamiento oncológico, el miedo aparece muchas veces sin aviso. Antes de una punción, en la sala de espera, la noche previa a un resultado, o de golpe, sin un motivo claro. Y con el miedo llega el cuerpo: el corazón se acelera, la respiración se corta, aparece un nudo en el estómago o una tensión que no afloja. Muchas personas lo viven con una cuota extra de angustia, porque sienten que "deberían" estar más tranquilas, más fuertes, más enteras.

Es importante decirlo desde el principio, porque alivia: ese miedo no es una falla de carácter ni una falta de fortaleza. Es la respuesta biológica de un sistema nervioso que se activa para protegernos. Entender cómo funciona, y aprender a acompañarlo, no hace desaparecer la angustia, pero permite atravesarla con más recursos y menos culpa.

Qué pasa en el cuerpo cuando aparece el miedo

El cuerpo tiene un sistema automático, el sistema nervioso autónomo, que funciona sin que tengamos que pensarlo, y que se puede imaginar como el acelerador y el freno de un auto. La rama simpática es el acelerador. Cuando el cerebro percibe una amenaza, libera adrenalina y cortisol, y el cuerpo se prepara para reaccionar: el corazón late más rápido, la respiración se vuelve corta, los músculos se tensan, la mente entra en estado de alerta. Es la respuesta de "lucha o huida", y es tan antigua como útil, porque está pensada para ayudarnos a enfrentar un peligro y durar poco tiempo.

La rama parasimpática es el freno. Cuando el peligro pasa, desacelera el corazón, afloja los músculos y devuelve al cuerpo a un estado de calma. Su vía principal es un nervio llamado nervio vago. En una situación normal, acelerador y freno se alternan con fluidez: nos activamos frente a una demanda y volvemos a la calma cuando termina.

El problema, durante un tratamiento oncológico, es que la amenaza no termina de irse. Las esperas, la incertidumbre, los estudios de control, los efectos de los tratamientos mantienen al sistema en alerta durante semanas o meses. El acelerador queda pisado demasiado tiempo, y ahí aparecen el insomnio, la irritabilidad, la fatiga, la tensión permanente y la dificultad para concentrarse. No es casualidad ni exageración: aproximadamente una de cada tres personas con cáncer atraviesa niveles significativos de ansiedad, depresión o malestar emocional (Mitchell et al., 2011). El miedo no es debilidad: es biología.

El freno también se puede activar

Acá está la buena noticia, y es más concreta de lo que parece. No podemos controlar el acelerador con la voluntad, porque se dispara solo. Pero sí podemos activar el freno de manera deliberada, y la vía más directa para hacerlo es la respiración.

El nervio vago, el cable principal de la calma, responde al ritmo con el que respiramos. Cada vez que exhalamos, el corazón se desacelera un poco y el freno parasimpático se activa. Por eso la clave no es simplemente "respirar hondo", sino algo más preciso: alargar la exhalación y respirar lento. La investigación sobre respiración lenta muestra que rondar las cinco o seis respiraciones por minuto favorece ese predominio del freno y se acompaña de menos ansiedad y agitación, y de más sensación de calma (Zaccaro et al., 2018). Es una herramienta que no cuesta nada, no se ve, y la llevamos siempre con nosotros.

Herramientas de calma

Ninguna de estas herramientas hace desaparecer la angustia de un día para el otro. Lo que hacen es bajar la activación del cuerpo y devolvernos pequeñas sensaciones de control, que en medio de un tratamiento no es poco. Conviene practicarlas siempre dentro de la propia comodidad, sin forzar; si aparece mareo, alcanza con volver a la respiración habitual.

Respiración con exhalación larga

Sentados o recostados, inhalar suave por la nariz contando hasta cuatro, y exhalar lento por la boca contando hasta seis, como si sopláramos una vela sin llegar a apagarla. La exhalación más larga es la que activa el freno. Tres a cinco minutos alcanzan, y es especialmente útil antes de una punción, una consulta o un estudio, o para conciliar el sueño.

Anclar la mente en el presente

Cuando los pensamientos se disparan hacia el peor escenario, ayuda anclarse en lo concreto a través de los sentidos. Un ejercicio simple es nombrar, sin apuro, cinco cosas que se ven, cuatro que se oyen, tres que se tocan, dos que se huelen y una que se saborea. No borra el miedo, pero corta la escalada y trae la mente de vuelta al momento presente. Esta es la lógica del mindfulness, que no consiste en "poner la mente en blanco" sino en dirigirla de forma deliberada a lo que está pasando ahora, sin juzgarlo. En pacientes oncológicos, los programas basados en esta práctica mostraron mejoras en el estado de ánimo y en los síntomas de estrés (Speca et al., 2000).

Cuidar el sueño y las rutinas

La incertidumbre dispara al sistema nervioso, y una estructura previsible le devuelve señales de seguridad. Sostener horarios regulares para acostarse y levantarse, reducir las pantallas en la última hora del día, cuidar la cafeína y mantener pequeñas rutinas cotidianas ayuda a que la vida no quede totalmente suspendida alrededor del tratamiento. Cuando el insomnio se vuelve persistente, conviene hablarlo con el equipo, porque hay abordajes específicos que funcionan mejor que depender solo de la medicación.

No te regules en soledad

Hay algo que la biología confirma y la experiencia clínica repite todos los días: el sistema nervioso humano se calma mejor en compañía. La presencia de alguien que transmite seguridad, una conversación, incluso un silencio compartido, ayudan a regular el cuerpo tanto como una técnica de respiración. A esto se lo llama co-regulación, y es la razón por la que atravesar el proceso acompañado hace una diferencia real.

Apoyarse en la red de cuidado disponible no es cargar a los demás. Aceptar ayuda para tareas concretas, pedir compañía para una consulta o simplemente poder contar lo que se siente disminuye esa sensación de aislamiento que tantas veces aparece. Vale la pena recordar, además, que la ansiedad también atraviesa a quienes acompañan, y que cuidar la propia angustia es parte de poder sostener al otro. Sobre el papel de estos vínculos escribimos en Redes que contienen: el otro tratamiento del cáncer, y sobre la ansiedad puntual de los controles, en Scanxiety.

Cuándo pedir ayuda

Estas herramientas complementan, pero no reemplazan, el acompañamiento profesional. Regular el sistema nervioso ayuda a transitar mejor el día a día, y al mismo tiempo hay señales que indican que conviene sumar apoyo especializado. Si aparecen tristeza o desesperanza la mayor parte del día durante más de dos semanas, ataques de pánico, insomnio grave y sostenido, o la sensación de que la angustia se volvió imposible de manejar, pedir ayuda no es un signo de debilidad: es la respuesta adecuada a una situación objetivamente difícil.

Y si en algún momento aparecen pensamientos de hacerse daño o de que no vale la pena seguir, es importante buscar ayuda cuanto antes, hablando con alguien de confianza, con el equipo tratante o con un servicio de salud mental. En psicooncología, acompañar este tipo de malestar es parte del cuidado, no un extra.

Un mito que conviene desarmar

Circula mucho la idea de que el estrés, o "cierta manera de ser", provocan el cáncer. Es una creencia especialmente dolorosa, porque le agrega culpa a alguien que ya está atravesando suficiente. Y la evidencia no la sostiene. Un estudio que siguió a más de 106.000 mujeres no encontró relación entre el estrés o los acontecimientos difíciles de la vida y la aparición de cáncer de mama (Schoemaker et al., 2016), y las revisiones sobre el tema tampoco hallaron que "tener buena actitud" o "espíritu de lucha" cambien el curso de la enfermedad (Petticrew et al., 2002). No existe una "personalidad cancerosa".

Esto importa porque libera de un peso injusto. No fallaste, y no tenés que "pensar en positivo" para curarte. Regular el sistema nervioso no es una obligación ni una tarea más en la que se pueda fracasar: es, simplemente, una manera de vivir el proceso con un poco más de calma. Si algún día no se puede respirar "bien" ni sostener ninguna rutina, también está bien.

Conclusión

El miedo y la ansiedad no son señales de debilidad ni de pérdida de control: son respuestas esperables de un cuerpo que se activa para protegerse frente a una situación difícil. Comprender cómo funciona el sistema nervioso, y contar con herramientas simples para activar el freno, no borra la angustia, pero le da un lugar y la vuelve más transitable. No siempre se puede sacar el miedo, pero sí se puede atravesar con más recursos, más compañía y menos culpa. Y ser amable con uno mismo, en este proceso, también es parte del tratamiento.

Aviso médico

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud mental. Si la ansiedad, la angustia o el malestar emocional están afectando tu vida cotidiana durante el tratamiento oncológico, te recomendamos consultar con un psicooncólogo o un profesional de salud mental que pueda acompañarte. Regemet no atiende urgencias: ante una emergencia, acudí al centro de salud más cercano.

Referencias

  • Mitchell AJ, Chan M, Bhatti H, et al. Prevalence of depression, anxiety, and adjustment disorder in oncological, haematological, and palliative-care settings: a meta-analysis of 94 interview-based studies. The Lancet Oncology. 2011;12(2):160-174. Link
  • Zaccaro A, Piarulli A, Laurino M, et al. How Breath-Control Can Change Your Life: A Systematic Review on Psycho-Physiological Correlates of Slow Breathing. Frontiers in Human Neuroscience. 2018;12:353. Link
  • Speca M, Carlson LE, Goodey E, Angen M. A Randomized, Wait-List Controlled Clinical Trial: The Effect of a Mindfulness Meditation-Based Stress Reduction Program on Mood and Symptoms of Stress in Cancer Outpatients. Psychosomatic Medicine. 2000;62(5):613-622. Link
  • Carlson LE, Speca M, Patel KD, Goodey E. Mindfulness-based stress reduction in relation to quality of life, mood, symptoms of stress, and levels of cortisol, DHEAS and melatonin in breast and prostate cancer outpatients. Psychoneuroendocrinology. 2004;29(4):448-474. Link
  • Schoemaker MJ, Jones ME, Wright LB, et al. Psychological stress, adverse life events and breast cancer incidence: a cohort investigation in 106,000 women in the United Kingdom. Breast Cancer Research. 2016;18(1):72. Link
  • Petticrew M, Bell R, Hunter D. Influence of psychological coping on survival and recurrence in people with cancer: systematic review. BMJ. 2002;325(7372):1066. Link