Terapias físicas

La importancia del entrenamiento aeróbico en Zona 2 en pacientes oncológicos

Entr. Daniel Saá
18 de mayo de 2026
11 min lectura
La importancia del entrenamiento aeróbico en Zona 2 en pacientes oncológicos

La mayoría de los pacientes oncológicos que llegan a Regemet tienen algo en común: llevan semanas o meses con su actividad física reducida o detenida. El diagnóstico los frenó. El tratamiento los agotó. Y en muchos casos, nadie les explicó que moverse con la intensidad correcta no solo es posible durante el tratamiento, sino que forma parte de él.

El entrenamiento físico es una herramienta clínica con evidencia sólida en oncología. Su efecto excede el plano muscular: impacta sobre el metabolismo, la inmunidad, la inflamación, la función cardiovascular y la calidad de vida durante y después del tratamiento.

Dentro del entrenamiento físico distinguimos dos modalidades complementarias. El entrenamiento de fuerza, desarrollado en detalle en La importancia de entrenar la fuerza en pacientes oncológicos, trabaja sobre la capacidad neuromuscular de resistir, mover o estabilizar una carga, con foco en masa muscular, masa ósea, funcionalidad y modulación inflamatoria a través de miocinas. El entrenamiento cardiovascular puede dividirse en tres zonas amplias de intensidad: baja (caminata suave), alta (trote o carrera) y una zona intermedia. En este artículo vamos a hablar específicamente de esa zona intermedia: la Zona 2.

¿Qué es la Zona 2?

La Zona 2 forma parte del modelo de cinco zonas de intensidad cardiorrespiratoria, donde las zonas 1 y 2 representan baja intensidad y las 3 a 5 representan intensidades progresivamente más altas. Es una intensidad moderada, plenamente aeróbica, con tres características fisiológicas definidas:

  • El organismo utiliza principalmente las grasas como sustrato energético.
  • La vía glucolítica se mantiene baja y la mayor parte del ATP proviene de la función mitocondrial.
  • El lactato en sangre permanece por debajo de 2 mmol/L, en equilibrio entre producción y reciclaje.

Una forma práctica de reconocerla es por la sensación de esfuerzo: en Zona 2 se puede mantener una conversación, pero no cantar. Es una intensidad sostenida, claramente diferenciada de la alta intensidad —donde el ritmo respiratorio impide hablar con fluidez— y de la baja intensidad de una caminata tranquila.

Para muchos pacientes oncológicos, especialmente aquellos en tratamiento activo o con fatiga significativa, una caminata a paso algo más sostenido ya constituye su Zona 2 personal. La zona se define por la respuesta fisiológica individual, no por la actividad en sí misma.

Mitocondrias, metabolismo y flexibilidad metabólica

Las mitocondrias son las centrales de producción de energía de cada célula. Allí los nutrientes —principalmente grasas y glucosa— se transforman en ATP, la moneda energética del organismo. Su cantidad y calidad no son fijas: dependen del estímulo que les damos a través del movimiento.

Entre todas las intensidades aeróbicas, la Zona 2 es la que más eficazmente estimula la biogénesis mitocondrial y la mejora de la función oxidativa, especialmente en las fibras musculares tipo I. Un organismo con más y mejores mitocondrias produce energía de manera más eficiente, oxida mejor las grasas como combustible, utiliza el lactato como sustrato energético y tiene mayor flexibilidad metabólica para alternar entre grasas y glucosa según la demanda.

La flexibilidad metabólica es la capacidad del organismo de cambiar de combustible con eficiencia. Las personas metabólicamente inflexibles dependen casi exclusivamente de la glucosa y producen lactato a intensidades muy bajas. Esta inflexibilidad es característica del síndrome metabólico, la diabetes tipo 2 y de muchos pacientes oncológicos en tratamiento. Recuperarla es uno de los objetivos centrales del entrenamiento en Zona 2.

El lactato, el terreno biológico y el metabolismo tumoral

Durante décadas, el lactato se consideró un producto de desecho responsable de la fatiga muscular. La fisiología actual lo entiende de otra forma: el lactato es un combustible, una molécula de señalización y un indicador del estado metabólico.

George Brooks describió el concepto del shuttle de lactato: el lactato producido en fibras glucolíticas se transporta a fibras oxidativas, corazón, cerebro e hígado, donde se utiliza como combustible. Cuanto mejor entrenado está el organismo, mayor es su capacidad de producir, transportar y oxidar lactato. La Zona 2 mejora justamente esa maquinaria.

En oncología, el lactato adquiere una dimensión adicional. Muchas células tumorales producen lactato en exceso incluso con oxígeno disponible —el conocido efecto Warburg—. En 2017, San-Millán y Brooks propusieron que esta producción aumentada de lactato es un componente activo de la carcinogénesis: participa en la angiogénesis, la evasión inmune, la migración celular y la metástasis.

Una aclaración importante: el entrenamiento en Zona 2 no actúa sobre el metabolismo del tumor. Actúa sobre el terreno biológico del paciente. Mejora la maquinaria metabólica del huésped —músculo, corazón, hígado y otros tejidos sanos— que se vuelve más eficiente al oxidar grasas, transportar lactato y mantener una glucemia estable. Un terreno biológico más eficiente se traduce en mejor regulación de glucosa e insulina, modulación de la inflamación sistémica, mejor composición corporal con preservación de masa muscular, y mejor respuesta global al tratamiento oncológico.

Tolerancia al tratamiento

Uno de los factores más relevantes en la práctica clínica es la capacidad del paciente de sostener el tratamiento sin deterioro. La evidencia en este punto es consistente: la capacidad aeróbica influye directamente en cómo el paciente atraviesa la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía.

Los pacientes con mejor capacidad aeróbica toleran mejor la quimioterapia completando esquemas con menos ajustes de dosis, presentan menor fatiga y menor toxicidad durante el tratamiento, se recuperan mejor tras la cirugía con menos complicaciones postoperatorias, y mantienen mejor su funcionalidad y autonomía a lo largo de todo el proceso.

A nivel poblacional, grandes estudios prospectivos muestran una asociación inversa entre capacidad cardiorrespiratoria y mortalidad por cáncer: a mayor capacidad aeróbica, menor mortalidad.

¿Cómo se entrena la Zona 2?

La Zona 2 se entrena con ejercicios aeróbicos continuos y de intensidad controlada. Las modalidades más utilizadas son la caminata a paso sostenido, la bicicleta fija o en ruta, la elíptica, el remo y el trote suave en pacientes que lo toleran.

La clave práctica ya fue mencionada: poder hablar sin quedarse sin aire. Si la respiración se entrecorta y no permite mantener una conversación, la intensidad es demasiado alta. Si se puede cantar con facilidad, es demasiado baja.

La prescripción se adapta siempre según condición clínica, fase del tratamiento, nivel de fatiga y capacidad funcional del día.

Frecuencia recomendada

Las guías internacionales de ejercicio en oncología (ACSM, ASCO) recomiendan 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, distribuidos en 3 a 5 sesiones semanales, y combinados con entrenamiento de fuerza 2 a 3 veces por semana.

Esta combinación de aeróbico y fuerza es lo que sostiene una salud integral durante y después del tratamiento. Una modalidad sin la otra deja un hueco importante: la fuerza sin aeróbico no estimula adecuadamente la maquinaria mitocondrial; el aeróbico sin fuerza no protege la masa muscular.

En pacientes en tratamiento activo o con limitaciones funcionales, la prescripción se ajusta hacia abajo y se progresa de forma gradual. Hacer menos del óptimo es siempre mejor que no hacer nada.

Seguridad y personalización

El entrenamiento debe ser adaptado y supervisado. En Regemet diseñamos programas de ejercicio terapéutico que consideran el diagnóstico y tipo de tumor, la fase del tratamiento (activo, recuperación, seguimiento), la capacidad funcional actual y el nivel de fatiga, las comorbilidades y medicación concurrente, y consideraciones específicas como anemia, neutropenia, plaquetopenia, cardiotoxicidad, metástasis óseas, catéteres o heridas recientes.

Un plan bien diseñado contempla los días de menor capacidad —especialmente alrededor de los ciclos de quimioterapia— y permite ajustar la intensidad sin perder la regularidad. El objetivo es garantizar beneficios sin riesgos.

Conclusión

El entrenamiento aeróbico en Zona 2 es un pilar terapéutico en el abordaje metabólico integral del paciente oncológico. Mejora la eficiencia energética, aumenta la cantidad y función de las mitocondrias, optimiza la oxidación de grasas y la utilización del lactato, reduce la fatiga, sostiene la funcionalidad y mejora la tolerancia a los tratamientos. Sus efectos están respaldados por décadas de evidencia y son adaptables a cada paciente y cada fase del tratamiento.

Junto con el entrenamiento de fuerza, conforma una intervención terapéutica con impacto real sobre el terreno biológico del paciente. No como complemento menor, sino como parte del plan.


Aviso médico

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. La prescripción y supervisión del ejercicio físico en pacientes oncológicos debe realizarse de manera individual, en coordinación con el oncólogo tratante y un equipo clínico capacitado. Antes de iniciar un programa de entrenamiento, consultá con tu médico tratante. Regemet no atiende urgencias: ante una emergencia, acudí al centro de salud más cercano.


Bibliografía

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