
La oxigenación hiperbárica consiste en respirar oxígeno puro dentro de una cámara a una presión mayor que la atmosférica. Es un tratamiento establecido para heridas que no cicatrizan, para ciertas infecciones y para las lesiones que deja la radioterapia en los tejidos, y desde hace décadas se investiga su papel en el tratamiento del cáncer. En Regemet forma parte de la Terapia Metabólica.
Una de las preguntas más frecuentes sobre esta herramienta es si aportar oxígeno puede favorecer al tumor. Para responderla hay que entender primero cómo está oxigenado un tumor. En Angiogénesis tumoral explicamos que el tumor construye su propia red de vasos porque le falta oxígeno, y que esa red sale desordenada, con vasos que funcionan mal y zonas enteras que quedan sin irrigar. Este artículo parte de ese tumor mal oxigenado: qué ocurre cuando se le lleva oxígeno a presión, qué dice la evidencia y cómo se integra en el abordaje.
La oxigenación hiperbárica consiste en respirar oxígeno al 100 por ciento dentro de una cámara presurizada, a una presión superior a la atmosférica. Esa combinación de oxígeno puro y presión produce un efecto que no se logra de ninguna otra manera: una cantidad mucho mayor de oxígeno se disuelve directamente en el plasma, la parte líquida de la sangre.
En condiciones normales casi todo el oxígeno viaja unido a la hemoglobina de los glóbulos rojos, que ya está prácticamente saturada. Respirar más oxígeno a presión ambiente cambia poco, porque la hemoglobina no tiene más lugar. La presión hiperbárica, en cambio, fuerza al oxígeno a disolverse en el plasma. Y ese oxígeno disuelto llega adonde los glóbulos rojos no llegan bien: tejidos con mala circulación, heridas que no cierran, y las zonas mal irrigadas de un tumor.
Los tumores sólidos crecen más rápido que los vasos que los alimentan, y los vasos que logran construir son defectuosos. El resultado es que amplias zonas del tumor quedan con muy poco oxígeno. Ese estado se llama hipoxia. Durante mucho tiempo se pensó que la hipoxia simplemente frenaba al tumor, al limitar la división de células mal oxigenadas.
Hoy se sabe que la hipoxia se asocia a mayor agresividad y a peor respuesta al tratamiento (Vaupel y Harrison, 2004). La falta de oxígeno dispara una serie de adaptaciones:
Este último punto es el central. La radioterapia necesita oxígeno para funcionar. Buena parte del daño que la radiación produce en la célula tumoral ocurre a través de radicales libres, un proceso que requiere oxígeno. En una zona hipóxica, la radiación pierde eficacia: las células mal oxigenadas son hasta tres veces más resistentes a la radioterapia que las bien oxigenadas. Y varios quimioterápicos llegan mal a un tumor mal perfundido.
La preocupación de que el oxígeno pueda alimentar al tumor es comprensible. Los datos muestran otra cosa: los tumores mal oxigenados son los que se comportan de manera más agresiva y responden peor al tratamiento, y la oxigenación hiperbárica actúa justamente sobre esa hipoxia. En combinación con radioterapia cumple dos funciones documentadas:
Hay además un tercer efecto que conecta con el resto de la Terapia Metabólica. El oxígeno a alta concentración aumenta la producción de especies reactivas dentro de las células. Las células sanas, con sus enzimas antioxidantes intactas, lo toleran. Las células tumorales, que suelen tener esas enzimas disminuidas, lo toleran peor. Es la misma asimetría que explicamos en Vitamina C como nutriente, vitamina C como fármaco: el estrés oxidativo golpea de manera selectiva donde las defensas son más débiles.
La evidencia más sólida proviene de la radioterapia en tumores de cabeza y cuello. Una revisión Cochrane que reunió los ensayos aleatorizados disponibles encontró mejoras en el control local del tumor y en la mortalidad cuando la radioterapia se combinaba con oxigenación hiperbárica en estos tumores (Bennett y col., 2018). Un meta-análisis independiente sobre la modificación de la hipoxia en cáncer de cabeza y cuello, que incluyó oxígeno hiperbárico entre otras estrategias, confirmó la mejora en el control locorregional y en la supervivencia (Overgaard, 2011).
La misma revisión Cochrane registró un dato que hay que tener presente: en algunos esquemas, la combinación con radioterapia se asoció a más lesiones severas del tejido irradiado. Por eso el momento y la forma de combinar ambas herramientas los define el equipo de radioterapia, y no se improvisa.
Fuera de la radiosensibilización, la oxigenación hiperbárica tiene evidencia establecida para reparar el daño tardío por radiación en cabeza y cuello, hueso, próstata y vejiga, y para prevenir la osteorradionecrosis después de extracciones dentales en zonas irradiadas (Fernández y col., 2021). En modelos experimentales, además, ha frenado el crecimiento de tumores de mama en ratas, sola o combinada con quimioterapia (Stuhr y col., 2004), y ha reducido la hipoxia e inducido la muerte de células tumorales en modelos de cáncer de pulmón (Chen y col., 2021).
La pregunta sobre si dar oxígeno podría favorecer el crecimiento del tumor o su diseminación es razonable, y la investigación se la tomó en serio.
Una revisión dedicada específicamente a esa cuestión analizó todos los estudios disponibles en animales y en humanos y no encontró relación entre la oxigenación hiperbárica y la aparición de nuevos tumores, el crecimiento de tumores existentes o el aumento de las metástasis (Feldmeier y col., 2003). Una revisión posterior llegó a la misma conclusión y agregó que, en varios modelos, el efecto fue el inverso: la oxigenación frenó el crecimiento (Moen y Stuhr, 2012).
Esto no significa que la oxigenación hiperbárica sea aplicable a cualquier paciente ni en cualquier momento. Tiene indicaciones precisas, contraindicaciones y consideraciones de seguridad que se evalúan caso por caso. La evidencia disponible no respalda la preocupación de que el oxígeno favorezca al tumor.
Más allá de su papel junto a la radioterapia, la oxigenación hiperbárica encaja en la lógica de la Terapia Metabólica por lo que hace sobre el terreno del paciente.
Al mejorar la oxigenación de los tejidos, favorece la reparación y la cicatrización, algo valioso en pacientes que atraviesan cirugías, radioterapia o heridas de difícil curación, y que se integra con la prehabilitación. Al actuar sobre la hipoxia, interviene sobre uno de los factores que la biología tumoral aprovecha para progresar. Y al mejorar el estado general de oxigenación, contribuye a la capacidad del organismo de sostener y tolerar el tratamiento, en la misma línea que el soporte que describimos en Neutropenia durante la quimioterapia.
Como el resto de las herramientas del abordaje, no se usa de manera aislada ni estandarizada. Se indica en series de sesiones cuya presión, duración y frecuencia define el equipo médico según el tipo de tumor, el tratamiento oncológico en curso y el estado clínico de cada paciente. Y se integra con la alimentación, las infusiones endovenosas, la suplementación, el ejercicio y las demás intervenciones.
Los tumores sólidos suelen tener zonas mal oxigenadas, y esa hipoxia se asocia a mayor agresividad y a peor respuesta a la radioterapia y a la quimioterapia. La oxigenación hiperbárica actúa sobre ese problema.
Los puntos centrales:
Dentro de la Terapia Metabólica cumple un papel concreto, con fundamento fisiológico y respaldo en la evidencia: mejorar la oxigenación de los tejidos, incluido el tumor, para que el tratamiento oncológico actúe mejor y el tejido sano se repare.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. La oxigenación hiperbárica en pacientes oncológicos debe ser evaluada, indicada y supervisada de manera individual por un equipo médico, en coordinación con el oncólogo y el radioterapeuta tratantes, considerando el tipo de tumor, el tratamiento en curso y el estado clínico del paciente. Tiene indicaciones y contraindicaciones específicas, y no reemplaza al tratamiento oncológico indicado. Regemet no atiende urgencias: ante una emergencia, acudí al centro de salud más cercano.